La percepción de la vivienda durante el Covid-19
El Covid-19 plantea nuevos retos a la hora de entender la arquitectura, especialmente la vivienda unifamiliar y multifamiliar, y, cuando de este tema se trata, siempre suelo recordar algunos párrafos que leí del Arquitecto Adriano Cornoldi en su obra "La arquitectura de la vivienda unifamiliar", libro del cual cito unos extractos: "Una vivienda es aquella en la que se vive bien. Su cualidad esencial es la posibilidad que tiene de ser vivida. Puesto que el habitar doméstico cobija principalmente la vida privada ,el valor de la vivienda reside antes que nada en su capacidad de favorecer la sensación de cálido recogimiento y de discreta relación entre los propios espacios "interiores" (ya sean cerrados o abiertos, cubiertos o descubiertos); su valor arquitectónico reside en la capacidad que tienen los espacios en sí mismos de expresar con su forma aquel recogimiento y aquella relación".
Cito este párrafo porque en mi opinión, expresan el cometido innato de una vivienda. Sin embargo, los tiempos cambian, y por supuesto algunos conceptos también, otros sufren ajustes pero sin abandonar su idea central, como puedo asegurar es el caso de la vivienda. Ahora mismo, atravesamos esta crisis mundial de salud que nos ha recluido casi por completo en nuestras casas, algunos aún seguimos en ellas en un intento de reinventar nuestra cotidianidad. Es en estos momentos donde cobra mayor fuerza esta cualidad que tiene una vivienda de ser ese lugar en donde se vive bien, de ser vivida por sus ocupantes, y hoy, de ser espacio de trabajo, y, sin temor a exagerar, de ser un lugar de cuidados de salud.
Esta pandemia le ha dado un giro inesperado a la vivienda, nos plantea nuevos retos en la manera de concebir su espacialidad y funcionalidad, en encararla con soluciones económicamente sostenibles, sobretodo en estos tiempos donde la tónica ha sido la paralización total de muchas fuentes de ingreso en el mundo. Soluciones?, hay alternativas plausibles de ser ejecutadas, una de ellas es la tendencia de los espacios a la multifuncionalidad, es decir, que sean capaces de brindar el recogimiento y el ocio propios de su naturaleza, a la vez que un ambiente de trabajo, un espacio de cuidados médicos o hacerlos simplemente más amenos. Otra tendencia será la flexibilidad formal, y no es otra cosa que permitir la transformación de los espacios más fácilmente, o expandirlos sin que esto signifique derrocar cerramientos exteriores e interiores. Se suma la tendencia cada vez más en auge de trabajar con soluciones constructivas en seco, que permitan minimizar la contaminación de los espacios por humedad, haciéndolos en definitiva más saludables.
La pandemia también nos ha heredado toda una serie de cuidados, algunos son viejos y básicos, pero que hemos olvidado a causa de nuestro descuido. En lo que a protocolos se refiere, hay algunos que plantean cambios, que en mi opinión, influirán muchísimo en la configuración de los espacios de la vivienda, me refiero principalmente a los lugares de desinfección para el tratamiento de los alimentos antes de ingresar a la vivienda. Aunque parezca exagerado, el lavado de alimentos perecibles y la desinfección de los empaques de aquellos que son envasados, debe hacerse en los exteriores, en un lugar adecuado para esta actividad. Los riesgos de contaminación que aún persisten hacen de esta alternativa una de las más seguras, pese a que no hay datos científicos concluyentes. Tampoco debe entenderse necesariamente como un aumento de espacios en el plan funcional de una vivienda, pero si motivar el planteamiento de alternativas de acceso a los espacios comunes que nos ayuden a mitigar al máximo los riesgos de contaminación. Esta tarea cobra más relevancia en las viviendas multifamiliares.
En definitiva, lo que quiero decir, es que nuestras viviendas tenderán a reinventarse continuamente para encarar los retos que plantean los cambios de estilo y modos de vida en el mundo, sea que lo cause una gran pandemia como la que vivimos hoy, o por cualquier otro motivo que lo haga de manera drástica o paulatina, sin perder siempre el ideal propio de su naturaleza. A esto se suma además, y en buena hora, la cada vez más creciente influencia de las construcciones habitacionales energéticamente sostenibles.
Conjugar estas fuerzas es la clave, para mitigar en gran medida los retos adversos que plantean estas malas situaciones que históricamente nos han golpeado a todos en el planeta.
Salustiano Zambrano
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